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HISTORIA DE LOS FESTEJOS POPULARES

 

Los Festejos Populares llevan 40 años de celebrarse en Zapote, anteriormente era Plaza Vìquez el escenario de las Fiestas de Fin y principio de Año.

Pero la histooria nos translada a la època de la Colonia Española donde los festividades Navideñas eran normales y dentro de una algarabìa total, para muestra esta crónica de 1825 del ingles John Hale, en gira por Costa Rica:

“Es en la plaza mayor; donde se celebran las fiestas de Navidad”

En esta plaza empiezan las fiestas con un simulacro que hace los indios de la conquista de su país por los españoles. Se divide en dos partidos: uno representa a los españoles y el otro  a los indios con sus trajes más grotescos, capitaneados por sus caciques o su rey. Por lo general los españoles lo están por un Padre o sacerdotes, que blande un crucifijo y asperjea a los indios con agua bendita. Este papel lo desempeña un indio. Después  de un combate simulado los indios resultan por supuestos derrotados y convertidos. Luego viene la corrida de toros, de la que se excluye la parte trágica, permitiendo al animal escapar con vida, lo que dice muy bien de los sentimientos de los espectadores. Las diversiones nocturnas concluyen con baile, fuego artificiales, etc., y como en esta ocasión todas las gentes de la provincia que pueden hacerlo se reúnen en la villa, hay mucha hospitalidad, mucha jovialidad y muchos regocijos que duran varios días 1825.”

1827 el congreso dispone celebrar los Festejos en las cuatro principales ciudades del país.

En abril de 1846 a petición de la cámara del senado, se acuerda pasar las fiestas  de San José para el mes de diciembre. Ya que el día del santo patrón quedaba dentro de la cuaresma.

Esas primeras fiestas de fin de año se celebraron en el Parque Central, pasado luego a la Sabana, donde el redondel de toros era conocido como el “circo”.

Ya en nuestro siglo los festejos son ubicados en  la plazoleta del Edificio Metálico y el Parque Morazán.

Para ilústrales como se Vivian los festejos populares en el pasado e aquí varias crónicas del Periódico La Prensa Libre 1894-1895, que fueron aportados por el Historiador Francisco Lleriquez. 

Crónica

Toros –Ofrecemos una crónica de la corrida de toros, verificada en  la noche del jueves último y ahí va, a vuela pluma.

Eso de lidiar toros a luz de la electricidad no deja de ser un anacronismo: es una amalgana extraña de barbarie y civilización que debe de despertar en la mente de los filósofos, no sabemos qué filosofías, pero es preciso confesar que aquí como en casi todas nuestras Republicas americanas, la política, la religión, la libertad nos ofrecen a cada momento ejemplos evidentes de palpables anacronismo.

A las siete y media en punto como ingleses circunspectos, nos dirigimos al circo. Al entrar al redondel los toreros se dirigen a hacer el saludo al Presidente de la corrida, a falta de monarca, como en la madre patria. Los brocados de plata de la chaquetilla de El Torero, brillaban, a los haces de la luz eléctrica, como las escamas de un gran pez. Se oyó después el toque del clarín, luego los acordes de las músicas, y, por ultimo. Vimos aparecer en el redondel un gallardo toro de ancho pacho y terribles astas.-

Principio la lidia. El toro era indómito, bravío y de formidable empuje, pero allí estaban el torero y con él sus tres esforzados compañeros. Las primeras suertes fueron recibidas con aplausos y hubo hurras y vivas entusiastas y hasta sombreros de algunos de los espectadores vimos caer a los pies del Primer Espada.

Este bicho fue el mejor de la partida.
Sucesivamente aparecieron tres toros más, y todos fueron lidiados con verdadera maestría.

El Niño estuvo admirable. Se pinta de los lindos para clavar, en menos de un Jesús María. Un par de banderillas, donde le da la gana como dicen ellos.

 La corrida en fin estuvo espléndida, en todo sentido. Los palcos estaban en su mayor parte ocupados por bellas damas y señoritas de la sociedad, y esto, por su puesto, es en toda clase de fiestas elemento sine que non, puede haber verdadero entusiasmo. Las mujeres bonitas……!

La corrida termino a las nueve y media de la noche, próximamente. Nos fuimos muy satisfechos, viendo rodar de cerca de nosotros un lujoso coche donde cuatro toreros indolentemente reclinados, quien sabe que consideraciones iban haciendo acerca del éxito de esa función a la luz de la luna y decía don José Astúa y Aguilar.

El domingo

El domingo último estuvo otra vez la capital de fiestas, y nuevamente vino recorrer las calles de la población, a los disfraces, ya un tanto maltratados de sus fatigas pasadas.

Por la tarde, a las tres, principio la corrida de toros el Llano de Mata Redonda.   La concurrencia que asistió a esta fiesta, fue bastante numerosa,  los tablados quedaron cuajados de lindas y jóvenes de todas las condiciones.

En el centro del  redondel se alzaba la vara de la fortuna, orlada de ricas preseas destinadas al más hábil y audaz que lograra apoderarse de ellas.   Nos dicen que un joven de apellido Carmona fue el vencedor de ese dificultoso torneo.   También entonces tuvimos ocasión de admirar nuevamente al notable equilibrista Mr. Warner quien a una altura de diez metros, recorrió un alambre flojo, e hizo en las otras suertes peligrosas que le valieron muchos aplausos y dineros del numeroso concurso.

Los toros que se lidiaron esa tarde no merecen por cierto nuestros elogios.   Algunos parecían inofensivos bueyes, y el publico alegre se rio de sus astas y divirtieron con ellos.

En esa fiesta más que en ninguna otra, hubo una de pleitos, interminables, de la que resultaron muchos ojos y narices negras y ensangrentadas.

Fue de sentirse que esa noche no hubiera habido retreta, y que todas esas diversiones terminaran con la corrida de toros.   No hubo por fortuna ninguna desgracia que lamentar.

Tomado de la Revista oficial de los Festejos Populares de San José, 1995-1996
 
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